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miércoles, 26 de abril de 2017

Arequipa y el Monasterio de Santa Catalina

Días 24 a 27 de febrero


Mujeres de diferentes estatus sociales, pero principalmente de familias ricas, ingresaban en este monasterio de clausura para no volver a salir jamás. El Monasterio de Santa Catalina es una pequeña villa dentro de Arequipa, con casas bajas dentro de sus múltiples calles. Hoy sigue viviendo allí una pequeña comunidad de monjas, pero ya en una zona de monasterio moderno tradicional, quedando las casas como testimonio de una historia colonial.

De este lugar y de otros muy interesantes dentro de la colonial Arequipa es de lo que hoy os vamos a hablar.



Paseando por la calle Toledo o por la calle Córdoba dentro de este monasterio, entre casas encaladas en blanco, rojo y azul y con macetas de geranios, no hemos podido evitar el recuerdo de una calle cualquiera en algún pueblo español. Corría el año 1579, cuarenta años después de la llegada de los españoles a la ciudad de Arequipa, cuando se funda este Monasterio de Santa Catalina de Siena, dedicado a la clausura. Y aunque ha sido afectado por los diferentes terremotos que han asolado la ciudad de Arequipa, entre ellos los de 1958 y 1960, aún se puede ver su esplendor gracias a la reconstrucción de 1970 que un patronato de Arequipa realizó con objeto de mostrar este tesoro a los visitantes.


Acompañados por la guía que nos iba explicando detalles de la vida en este recinto, durante más de una hora recorrimos diversas calles, entrando en casas originales y otras reconstruidas, en las que se ven aún los ajuares de las habitantes. A las damas que se recluían en este espacio como monjas, se les permitía tener una casa con cocina y personal a su servicio, por eso las casas que se ven son grandes. Pese a ello, el monasterio cuenta con un espacio de cocina amplio que se usó después de que en el II Concilio se redefinieran los aspectos de la vida monacal y las cocinas de las casas debieran ser abandonadas, para hacer vida comunitaria, eliminándose también las criadas. Como curiosidad, comentar que la cama se colocaba siempre debajo de un arco que la protegía en caso de terremoto.





Además, se pueden ver otros espacios interesantes durante el recorrido en el monasterio: la huerta, la plaza del Zocodover con la hermosa fuente colonial, la iglesia, la lavandería y los tres claustros, el de los naranjos, el de las novicias y el mayor, pintados respectivamente en colores azul, blanco y rojo. En la lavandería, a cielo abierto, las monjas idearon un curioso sistema de llenado de las vasijas de barro que hacían las veces de pilas. Al final del recorrido se puede ver la pinacoteca, con importantes piezas de la escuela cusqueña.


No dejéis de visitar Santa Catalina en vuestra visita a Arequipa. Recomendamos hacer primero el tour guiado y luego perderos por sus callejuelas, llenas de rincones que os robarán el corazón, pudiendo ver los colibríes libando en las muchas flores que alberga este Monasterio. Si tenéis paciencia, trípode y maña, quizá podáis hacerles una foto a estos pajarillos que no paran de moverse ni un instante ;-)

Flor de kantu, flor nacional de Perú
Pero Arequipa guarda otros tesoros artísticos y arqueológicos. Primero os vamos a contar el descubrimiento que hicimos de una pequeña capilla, increíblemente pintada con el mejor estilo cusqueño, mezclando los temas religiosos cristianos con los detalles indígenas. Os hablamos de la Capilla de San Ignacio de Loyola dentro de lo queda del monasterio de la Compañía. Hoy este monasterio está ocupado en su gran parte por tiendas, galerías y restaurantes quedando únicamente una iglesia donde está la capilla. Pasear, bajo una ligera llovizna como nos ocurrió a nosotros, por los dos claustros que hoy hacen de pasillos de comunicación es un poco extraño, al estar lleno de comercios.



Otro lugar interesante que descubrimos en nuestra segunda visita, tras volver de Camaná, fue el Museo de los Santuarios Andinos donde, aparte de explicar el rito religioso de la Cultura Inca para apaciguar a los temidos Apus, los dioses de la Tierra, con ofrendas lllamadas Capaccochas, se expone la momia de Juanita (o de la momia de Sarita porque la anterior estaba en el estudio de restauración cuando estuvimos) en un ambiente controlado a varios grados bajo cero. Los incas creían que las montañas, que los volcanes, que la Naturaleza en general, son seres vivientes y que su estado de ánimo se refleja en las manifestaciones externas como las erupciones. Por ello, para que no estuvieran enfadados con el pueblo inca, les ofrecían sacrificios humanos en forma de jóvenes de la alta nobleza que, tras recibir las bendiciones del Gran Inca en la capital Cusco, peregrinaban voluntariamente junto con el Sumo Sacerdote y un séquito, para inmolarse en pequeñas tumbas a más de seis mil metros de altitud. Así se descubrieron entre 1989 y 1996 los restos de varias niñas y algún niño, en las laderas del volcán Amparo, envueltas en diversas ropas y ajuar y aparentemente muertas por hipotermia, como correspondía con el rito inca. La ciencia ha descubierto usando rayos X y resonancia magnética que la momia de Juanita sufrió un golpe violento con un objeto después de haber sido tapada con los gorros ceremoniales. Pese a haber ingerido las pócimas sagradas, posiblemente anestesiantes, los sacerdotes incas debían golpearlas con algún instrumento, tal vez el cuchillo ceremonial o una macana, para provocarles una muerte rápida y no por congelación.

El Museo está muy bien estructurado y con muy buenas explicaciones, incluyendo un vídeo explicativo de 20 minutos realizado por la Universidad Católica junto con National Geographic.

Amplia variedad de patatas en el mercado
Saliendo a la derecha de este Museo, se encuentra la plaza porticada de Arequipa, que no está cerrada completamente, sino que las arcadas solo cubren tres laterales, sin estar comunicados, dejando abiertas las esquinas para las calles. En el lateral norte, la imponente Catedral de un color blanco radiante domina la plaza. Es un buen ejemplo de arquitectura del siglo XVII con estilo neorenacentista y algún elemento gótico. Construida en sillar, la piedra volcánica de la zona, como muchos de los edificios de esta ciudad. Realmente es una visión imponente desde el lado sur de la plaza. Debería haber sido más imponente por lo que nos dijeron y habíamos visto en alguna postal pero, como durante los tres días el cielo estaba cubierto de nubes, no pudimos disfrutar de su imagen recortándose contra el cielo azul y con la silueta del volcán Misti detrás de ella, dominando la ciudad. Este es un volcán tímido, como lo era el volcán Fuji en Japón. Ninguno de los dos se nos ha querido mostrar. Y eso que dicen que en Arequipa siempre hay cielo azul. Nosotros hemos debido pillar los días grises y de tardes lluviosas...


En la plaza porticada, aparte de muchos restaurantes y tiendas de venta de tejidos de alpaca, que es muy común aquí, es donde está la oficina de Información de iPeru. Nos pillaba muy bien porque nuestro hostal estaba en una de las calles laterales de la plaza.

Soportales de la Plaza de Armas
Cerca de la plaza, en una calle que baja hacia el río, se encuentra la Casa del Moral, una casa de estilo barroco que guarda en su interior salas con ambientación de la época y de la familia del Moral que lo ocupó durante el pasado siglo. Hoy es además sala de exposiciones, con una muestra de la evolución de los billetes moneda peruanos, al haber sido el edificio la sede de un banco también. La visita resulta interesante y el edificio está muy bien conservado.

 

Por cierto, en Arequipa nació el único Premio Nobel de Literatura de Perú, Mario Vargas Llosa, a quien se lo otorgaron en 2010, cuando ya se había nacionalizado español. Vimos algún edificio con su nombre, como una biblioteca y una dependencia de la universidad.

Y, como despedida, os contaremos que tuvimos la oportunidad de disfrutar el sábado del desfile de Carnaval por las calles aledañas a la plaza. Es un desfile diferente a los célebres que hemos visto por televisión porque aquí no hay comparsas de decenas de bailarines con colores brillantes, aunque alguna había, sino que es más un desfile de grupos de bailes locales populares promocionando los diferentes pueblos cercanos y varios grupos patrocinados por comercios locales. Eso sí: no podía faltar las espuma de decenas de esprays que los bailarines rociaban sobre los espectadores como nosotros. Fue un simpático e inesperado momento.


En resumen, pasear por el Monasterio de Santa Catalina primero y luego por las calles coloniales de Arequipa ha sido una bonita entrada a Perú, que nos ha quitado el desigual sabor de boca que teníamos cuando entramos a este país desde Bolivia por el paso de Desaguadero.

¿Que qué nos pasó en la entrada a Perú? Una pequeña historia.

Al llegar a Desaguadero, tuvimos que bajarnos del autobús en la zona boliviana, andar casi un kilómetro por entre las calles del pueblo, preguntando a los locales, con nuestro equipaje a cuestas, para llegar a la zona de aduana cercana al puente que comunica los dos países, hacer una fila bajo la lluvia y sobre charcos de barro para poder llegar al puesto de salida, sellar el pasaporte y cruzar el puente por una carretera embarrada unos doscientos metros más para llegar a la Frontera de Perú donde, tras la fila pertinente de nuevo bajo la llovizna, nos sellaron el pasaporte y el visado de entrada por 60 días (la duración la decide el agente de aduana). No acaba aquí la cosa pues después de esto, la responsable del autobús que nos estaba esperando a la salida de migraciones para darnos los tickets del autobús del trayecto de Perú (habíamos comprado un billete en La Paz y nos dijeron que no íbamos a cambiar de autobús, en fin) nos indicó que debíamos ir con ella hasta la oficina del autobús unos doscientos metros más adelante en la calle principal. Así que ¡a andar otra vez!. La calle en cuestión es un caos de gente andando en las dos direcciones, algún pequeño carricoche movido por pedales tipo bicicleta que se ofrecen para llevar los bultos, gente cambiando moneda en los laterales, y múltiples personas ataviadas con trajes tradicionales vendiendo todo tipo de cachivaches y comidas.

Tierra entre fronteras
Una vez con los billetes en la mano, que nos hubieran resultado más barato comprar directamente allí por cierto, tuvimos que casi correr hasta la Terminal de autobuses a más de un kilómetro, casi en las afueras, para subirnos al autobús de línea que nos llevaría a Arequipa. Eso sí, no sin antes discutir con una mujer de la terminal que se empeñaba en pedirnos dos soles (no teníamos moneda peruana aún) para dejarnos subir al autobús como tarifa de uso de terminal (habitual en Bolivia y Perú). No quería aceptar que le diéramos moneda boliviana por un importe ligeramente inferior al que ella calculaba, que era todo lo que teníamos, incluso aunque también la revisora del autobús le estaba diciendo que era suficiente lo que le dábamos. Así que nos subimos dándole lo que correspondía con un cambio razonable, escuchando su perorata en un perfecto Aymara o Quechua, para no perder el autobús. Recordad: se le puede dar en moneda boliviana si insistís.

Oficina de migraciones de Perú en Desaguadero
Y no acaba la anécdota del autobús aquí, porque durante el largo trayecto hasta Arequipa, un par de mujeres se dedicaron a repartir abrigos por el autobús a varias personas, casi todas mayores, que se los ponían como si fueran suyos, colgando además hatillos por algunas de las ventanas, tapándolos con las cortinas y distribuyendo bolsas llenas de cosas por todo el autobús. Descubrimos que estaban haciendo contrabando cuando en un par de ocasiones los agentes de policía subieron al autobús a registrarlo y, en ambas ocasiones, discutieron con ellas. Pero no les requisaron nada curiosamente. Antes de bajarnos en Arequipa, recogieron los abrigos que habían repartido, los hatillos y las bolsas. Es un modo curioso de hacer contrabando.

Pasamos por la orilla del Lago Titicaca bajo una lluvia intensa. Vimos alguna balsa de totora, esos botes de paja tan típicos. Al final, llegamos a Arequipa, que era lo que pretendíamos para iniciar nuestra aventura en Perú. Una bonita aventura como os contaremos en las próximas entradas.

Datos prácticos:

Cambio orientativo: 1 euro = 3,5 soles peruanos.


Museo Santuarios Andinos UCSM (Casa de la cultura de Arequipa): la entrada cuesta 20 soles y el museo abre todos los días de 09:00 a 18:00 excepto domingo que cierra a las 15:00. Solo cierra el 25 de diciembre y el 1 de enero.


Capilla de San Ignacio: la entrada cuesta 10 soles y abre de 09:00 a 18:00. La entrada a la iglesia es gratuita.


Monasterio de Santa Catalina: la entrada cuesta 40 soles y abre de 09:00 a 18:00. La visitia guiada cuesta 10 soles por persona (se paga a la guía al acabar la visita). El tour dura casi una hora y la visita por tu cuenta después es otra hora viendo otros rincones.


Casa del Moral: la entrada cuesta 5 soles y abre de 09:00 a 17:00.


Alojamiento: Hostal Los Andes Bed & Breakfast. Es un hostal curioso que ofrece también cursos de español y que a los profesores y alumnos les da descuentos importantes en el alojamiento. El desayuno muy bueno y completo, pudiendo usar libremente la cocina.


Señorito de queso
Comida: La cocina arequipeña es famosa en Perú. Sus "picanterías" ofrecen menús y platos baratos, como el adobo o el chupe de camarones, que luego probaríamos en Camaná. En nuestra visita pudimos probar los filetes de alpaca, el solterito de queso, las empanadas arequipeñas, el rocoto relleno, el caldo blanco, el ají de gallina y la causa.


Transporte: Arequipa es la segunda ciudad en importancia del Perú y está muy bien comunicada con el resto del país y a nivel internacional en Sudamérica. Nosotros llegamos en autobús desde Bolivia y luego fuimos a Cusco en autobús también. Tiene trenes y aeropuerto. Desde el puente que hay fuera de la terminal de autobuses salen combis (furgonetas) hacia varios puntos de la ciudad. La parada de la Plaza de Armas está realmente bajo el puente de Bolognesi y sólo había que subir unas pocas "cuadras" hasta la plaza.

Cruce de frontera en Desaguadero: nosotros contratamos con Vicuña Travel en la Terminal de Autobuses de La Paz. No era la más barata, ni la más cara. No os la recomendamos. El trayecto de La Paz a Desaguadero lo hicimos en una minivan que no salió de la terminal y aún así tuvimos que pagar por el uso de la misma (2,5 bolivianos por persona). Al llegar a Desaguadero ellos contratan otro autobús que te lleva al destino final. Si contratas sólo el traslado a Desaguadero, podrás hacer sin tanta prisa el paso de frontera y buscar tú mismo un autobús a tu destino en Perú, pudiendo ver de antemano el tipo de autobús donde te vas a meter y pagando mucho menos por el recorrido total.

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